La intemperie manda
El clima urbano condiciona cada decisión. Radiación, oscilaciones térmicas, heladas puntuales, lluvia ácida y vientos cargados de partículas marinas o industriales definen ritmos de deterioro. Entender la orientación, las sombras proyectadas y los microclimas de esquina ayuda a prevenir, no solo curar. Pequeños gestos como drenes discretos, protección de coronaciones, barreras contra salpicaduras y control de vegetación cercana marcan grandes diferencias. La conservación inteligente escucha la meteorología y la transforma en aliada, planificando mantenimientos estacionales y estableciendo umbrales de alarma frente a picos climáticos cada vez más extremos.